Justo estoy completando 30 años de construcción consciente —47 de vida. Recuerdo bien la Biblioteca del Liceo Antioqueño de Medellín. Un año después, en 1981, me habría de graduar como bachiller en ese mismo centro, siendo uno de los mejores estudiantes a nivel nacional; pero poco habría de importarme eso después… Un camino se abriría para mi en ese año de 1980, en esa biblioteca, mientras estudiaba mi décimo grado en el Liceo.
Yo había estudiado hasta ese entonces en colegios más chicos; nunca había visto una biblioteca de esas proporciones. El Liceo Antioqueño era en aquella época una institución de educación secundaria anexa a la Universidad de Antioquia. Además de tener acceso a la biblioteca del colegio, también teníamos derecho a visitar la biblioteca de la Universidad; una increíble biblioteca de tres pisos. Era como entrar en un universo sin fin; era alucinante.
Fue entre los pasillos de esas bibliotecas -que también incluía a la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, que yo habría de vivir una revolución en todo mi sistema de creencias. Fue en ese entonces que tomó forma en mi la actitud contestaria, el hábito de la innovación, la vocación por el desarrollo humano, mi afinidad por las artes y mi búsqueda permanente por la realización espiritual. Fue en ese entonces que tomó forma el proyecto de vida, extraño para algunos, que yo habría de desarrollar durante todos estos años.