Justo estoy completando 30 años de construcción consciente —47 de vida. Recuerdo bien la Biblioteca del Liceo Antioqueño de Medellín. Un año después, en 1981, me habría de graduar como bachiller en ese mismo centro, siendo uno de los mejores estudiantes a nivel nacional; pero poco habría de importarme eso después… Un camino se abriría para mi en ese año de 1980, en esa biblioteca, mientras estudiaba mi décimo grado en el Liceo.
Yo había estudiado hasta ese entonces en colegios más chicos; nunca había visto una biblioteca de esas proporciones. El Liceo Antioqueño era en aquella época una institución de educación secundaria anexa a la Universidad de Antioquia. Además de tener acceso a la biblioteca del colegio, también teníamos derecho a visitar la biblioteca de la Universidad; una increíble biblioteca de tres pisos. Era como entrar en un universo sin fin; era alucinante.
Fue entre los pasillos de esas bibliotecas -que también incluía a la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, que yo habría de vivir una revolución en todo mi sistema de creencias. Fue en ese entonces que tomó forma en mi la actitud contestaria, el hábito de la innovación, la vocación por el desarrollo humano, mi afinidad por las artes y mi búsqueda permanente por la realización espiritual. Fue en ese entonces que tomó forma el proyecto de vida, extraño para algunos, que yo habría de desarrollar durante todos estos años.
En primer lugar, proyectos en el ámbito de las artes, después en entornos de desarrollo comunitario, en educación, en gestión comercial y, finalmente, en el desarrollo organizacional; todo con un enfoque humanístico, pero siempre, en mi fuero interno, desde una perspectiva profundamente espiritual.
Aunque a veces pareciese desarticulado, el proyecto siempre fue uno solo y llegó a un nuevo nivel de claridad para mi a través de un proceso de revisión personal que viviera justo a partir del año 2000, veinte años después, estando en Brasil y que concluyera, ya en Managua, en el 2001, con un nuevo y enérgico enunciado de misión personal: A partir de ese momento sólo tendría sentido para mi todo lo que yo pudiera hacer para “Facilitar el Logro Ilimitado” en las personas, en las comunidades, en las organizaciones, e incluso en el planeta. A partir de ese momento, ese ha sido el centro y razón de mi existencia y lo que le ha dado sentido a todo lo que a diario hago.
Inspirado por todo un proceso de formación en coaching a todo lo largo de los años 90 (y que concluyera en Febrero del 2003), después de casi una década trabajando con diferentes organizaciones norteamericanas, y orientado por esa misión, emprendí formalmente mi carrera como coach independiente y de dedicación exclusiva, en la Managua del año 2001.
En aquel entonces muy pocas personas conocían en Nicaragua lo que era el Coaching; no era aún tema de conversación general en el medio académico, mucho menos en el medio empresarial. Sólo algunas empresas relacionadas con multinacionales lo desarrollaban como parte de sus propios procesos.
¿Cómo pensaba yo vivir como coach en un medio que desconocía su valor? Siempre me dije que lo importante era comenzar y abrirse camino en función de los propios resultados. Recuerdo que mi primer cliente, un amigo, me pagaba C$100 (como US$8) por hora a la semana. ¿Quién podía vivir con esa cantidad?
Pero poco a poco mi primer cliente me fue presentado con una y luego con otra persona, que también poco a poco me daban la oportunidad de ser expuestos a esta manera tan particular de crear valor para las personas. Con el tiempo, el esfuerzo y sacrificio inicial cobró sentido no sólo para mi, sino también para cada organización que tenía la oportunidad de contactar.
Sin importar la cantidad de horas de coaching acumuladas y con casi una década trabajando como coach independiente, vuelvo al inicio de esta historia para descubrir que la única razón que me ha movido durante todos estos años a seguir en este incesante camino de búsqueda en el servicio a la persona humana, ha sido la semilla que se sembrara en mi corazón en aquella biblioteca de secundaria en 1980: Detrás de todo este caminar hay una única búsqueda y es la de la realización espiritual.
Dios, el Arquitecto Universal, Alá, el Universo, en fin, como bien pueda llamar cada uno de nosotro/as a la fuente de ese orden implícito que le da sentido a nuestras vidas, me ha regalado con un oficio que me permite practicar la Presencia de Dios a través de la relación que establezco con cada persona, con cada equipo, con cada comunidad y con cada organización a la que sirvo.
Mis padres no entendían muy bien lo que estaba pasando con el Carlos de 1980. No siempre entendieron tampoco las personas que estuvieron cerca de mi a lo largo de estos años. Desde la lógica del mundo mi vida externa no siempre fue muy coherente. Pero desde esa lógica que siempre sentí que me impulsaba y de la que tomé conciencia en aquella biblioteca en 1980, todo lo que he vivido y vivo cobra todo el sentido del mundo.
He vivido una historia para vivir este ahora. Nada tiene tanto sentido para mi como este momento. Todo lo que aprendí, todo el entrenamiento que recibí, sólo fue para poder vivir este maravilloso ahora.
Siento que conmigo, otras almas hermanas y todo el Universo, nos habíamos estado preparando, muchas veces en silencio, sólo para vivir la gloriosa experiencia de vivir este poderoso ahora.
Doy gracias a Dios por esta maravillosa oportunidad y a ese luminoso colibrí que nunca cesó de batir sus alas en mi corazón. Doy gracias a luz que por siempre ha brillado en la mirada de cada persona que en los diferentes momentos y circunstancias de mi vida ha recorrido un trecho del camino a mi lado (para mi, cada rostro es el rostro de Dios).
En fin, doy gracias por poder ver ahora tan claramente que todo lo que he vivido tiene su propósito: Finalmente ha llegado el momento que por siempre había esperado.
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Apreciable amigo; Carlos Gil
Sin duda alguna…; Dios te bendice y nos bendice AHORAMISMO a todos aquellos que tenemos la dicha de cruzarnos en alguna parte del camino de la vida.
Mientras te escribo, estoy en el AQUI, AHORA, EN ESTE MOMENTO viviendo apasionadamente este instante, dibujando y visualizando el trecho del camino que aun falta recorrer, y tengo AHORA la percepción y el sentimento de que experiencias maravillosas vendrán a TI y tambien a mi.
Justo ahora, te vuelco mis mas auténticos deseos y plegarias de éxitos a plenitud con mucha FELICIDAD en tu GRAN y noble propósito de vida.
Sinceramente, Belmin Matute.